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EL HÁBITO DE SOLUCIONAR PROBLEMAS

cube-427897_1920“Somos el resultado de lo que hacemos repetidamente. La excelencia entonces, no es un acto, sino un hábito” Aristóteles.

A menudo oímos hablar de la importancia de generar hábitos y rutinas en los niños. Tenemos clara la importancia de crear unos buenos hábitos de alimentación, higiene o sueño. Pero el valor de los hábitos va más allá. Son un factor esencial en la construcción de la personalidad. Son las estructuras básicas en las que se consolidan los procesos de desarrollo del pensamiento. Fomentar que los niños adquieran hábitos les ayudará a “organizar su mente” y a afrontar retos con seguridad y autonomía.

Uno de los trucos que utiliza el cerebro para ahorrar energía es la automatización de las conductas. Esto le permite realizar tareas complejas con mínimo esfuerzo y eficacia. Cuando realizamos una misma actividad durante un tiempo, siguiendo una repetición de conductas ordenadas, llegamos a mecanizarla lo que nos permite hacerla sin esfuerzo, incluso podemos realizar otra tarea simultáneamente.

Los hábitos se aprenden a partir de la repetición y la práctica. Las rutinas ayudan a adquirir hábitos, facilitando la realización de actividades cotidianas. Incorporar rutinas permite al niño anticiparse ya que sabe qué ocurrirá después. Le proporcionan seguridad, le facilitan tener control sobre su entorno y predecir acontecimientos. Como consecuencia, aumentan su autonomía y confianza.

La principal herramienta que facilita la adquisición de hábitos de pensamiento es el lenguaje interior. El lenguaje interior es la guía interna que regula la conducta y que nos permite realizar tareas complejas que requieren varios pasos. Vygotsky lo definió como una forma de habla privada que desempeña una función cognitiva y de dominio del propio comportamiento (autorreguladora).

La mayoría de los niños aprenden a resolver problemas hablando en voz alta, verbalizando lo que van haciendo, y poco a poco pasan a “hablarse a sí mismos”, con un lenguaje sin sonido. De esta manera pueden resolver situaciones problema siguiendo unas instrucciones propias que ellos mismos generan.

Igual que educamos la rutina de que se laven las manos antes de comer, podemos fomentar que los niños aprendan a pararse a pensar antes de actuar, desarrollando su capacidad de observación, buscando alternativas de solución ante un problema, usando el lenguaje interior como guía de conducta y potenciando el análisis lógico en los problemas.

En PiensaPiensa se utilizan algunos juegos conocidos como tangram, puzles, construcciones, etc, para potenciar que los niños adquieran hábitos de pensamiento.

IMG_20160218_142437En estas actividades los niños siguen una secuencia de pasos para resolver problemas que les sirve de guía de pensamiento siguiendo la siguiente estructura:

  • ¿Cuál es mi problema?
  • ¿Cómo puedo resolverlo?
  • ¿Cómo lo estoy haciendo?
  • ¿Cómo lo he hecho?

 

La automatización de estos pasos les abre la posibilidad de afrontar las situaciones problema desde la reflexión y, en paralelo, reformulan su propia reflexión desde su experimentación. En primer lugar, observan e investigan el reto planteado. Después, hacen hipótesis, prueban, comprueban y reformulan. Por último, valoran sus resultados, lo que favorece la repetición mental de todos los pasos que han dado. Esta repetición para el cerebro es equivalente a una nueva práctica real. Por tanto, fortalece los hábitos de pensamiento.

Crear el hábito de generar unas instrucciones propias al enfrentarse a nuevas situaciones, es un recurso que les ayudará a afrontarlas con confianza, logrando la excelencia en su ejecución. ¡Os invitamos a incorporarlas en la vida de vuestros hijos!

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